Crisis en Chevrolet, el Corvette se ahoga en su propio éxito y ni a precio de saldo lo quieren

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El Corvette C8 fue un éxito hace cinco años, pero los malabares con los precios lo han estrellado.Chevrolet

Los ricos no quieren coches eléctricos, sea del estilo de carrocería que sea, pero tampoco determinados modelos. La última generación del Corvette es uno de ellos, no se vende ni a un lado del Atlántico ni tampoco al otro. El inventario es enorme y Chevrolet no hace más que invertir en nuevas opciones mecánicas.

La potencia siempre ha sido un caballo de batalla entre todas las marcas, pero especialmente entre las de prestigio. Lanzar el modelo más potente ha sido la máxima, siempre con los superdeportivos de dos puertas, para seguir después la guerra con las berlinas y con los SUV. La irrupción de los coches eléctricos se suponía otra contienda más, pero los más ricos del planeta no están por la labor.

Salvo Rolls-Royce, el resto que se ha metido en el terreno de los coches eléctricos de lujo está explorando el fondo de los abismos. Mate Rimac ya admitió que los hiperdeportivos de cero emisiones no se vendían tan fácilmente, advirtiendo a la competencia que no se les iba a resultar fácil hacerlo. Pero tampoco quieren a todos los modelos de combustión por igual.

La guerra entre Chevrolet y los concesionarios entierra al Corvette

Bugatti sigue siendo una de las preferidas pero por clientes más mayores. Ferrari se está dejando querer por unos clientes más jóvenes, pero igualmente adinerados, y Chevrolet tiene un gran problema con el Corvette. Posiblemente, en la que más haya invertido en la historia del modelo, el americano se ha venido completamente abajo.

Cuando se lanzó al mercado en 2020, los concesionarios no daban abasto a recibir pedidos del Corvette, por lo que tanto estos como el propio fabricante se frotaban las manos. Pero, en ocasiones, lo que tiende a subir también tiende a caer rápidamente, y es el caso pero con un problema añadido más. Y es que cuando la demanda era muy elevada, los distribuidores exigieron al fabricante un margen de beneficio más alto que no se llegó a materializar, por lo que la parte que realmente ganaba era la marca.

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El Corvette está sentenciado a muerte, difícilmente renacerá

Los minoristas decidieron cobrarlo por su cuenta, y lo hicieron subiendo los precios hasta un nivel tan desorbitante pasando de unos normales 60.000 dólares a más de 100.000 euros; al cambio actual, de de 55.404 a 92.340 euros. Casi 37.000 euros de aumento de golpe y porrazo, y el fabricante no podría hacer nada más que fabricar unidades.

Ahora, las campas de la marca y de los concesionarios en Estados Unidos están plagadas de ejemplares, con nada menos que 872 del modelo 2024 y 4.872 unidades del modelo 2025. En total, casi 5.500 Corvette que los clientes no quieren, y que los hay a gusto de todos. Una oferta que se puede comprobar al momento en el inventario de Chevrolet, permanentemente actualizado. La cuestión es que los distribuidores han rebajado el precio al de hace cinco años, pero la sartén por el mango la tienen los clientes.

Aunque estos no quieren el Corvette C8, pueden presionar para conseguir un buen descuento en el clásico tira y afloja en el que está obligado a ceder el concesionario. Vender 5.500 unidades por la vía rápida no es fácil, si bien el problema es también para la marca americana, que está invirtiendo en el desarrollo de nuevas versiones más explosivas y que, difícilmente, tendrán salida.

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